La Cultura Japonesa y los Animales
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escrito por AAKI
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La batalla de Dan-no-ura
(Dan-no-ura no tatakai) fue una gran batalla naval de las Guerras Genpei, que
ocurrió en Dan-no-ura, costa del estrecho de Shimonoseki en la parte sur de
Honshū. El 25 de Abril del 1185, la flota del clan Genji (clan Minamoto),
dirigida por Minamoto no Yoshitsune, venció a la flota del clan Heike (Taira),
en un enfrentamiento que duro medio día.
El combate
De noche, en medio
de una violenta tempestad, Yoshitsuné, hermano de Yorimoto, cruzó el estrecho
con cinco buques y cien jinetes y obligó a los Heiké a volver a embarcar a toda
prisa.
La flota Taira se dividió en tres escuadrones, mientras que sus
enemigos llegaron en masa con sus arqueros preparados. Al principio, antes de
que la flota Taira tomara la iniciativa, la batalla consistió principalmente en
un intercambio de arqueros a larga distancia. Pero posteriormente, la flota
Taira intentó rodear a la flota enemiga usando las corrientes marinas en su
provecho. Después de entrar en contacto, el duelo de arqueros dejó paso a un
abordaje con espadas y dagas. Sin embargo, las corrientes cambiaron dando la
ventaja nuevamente a la flota Minamoto.
Uno de los factores cruciales en
el triunfo de la flota de Minamoto fue deserción del general del clan Taira
Taguchi Shigeyoshi, que reveló a los Minamoto en que barco se encontraba el
príncipe heredero Antoku, de seis años de edad. Los arqueros Minamoto
concentraron su atención en los timoneles y remeros del barco del Emperador, de
la misma manera que lo hicieron con el resto de la flota, dejando a los barcos
sin control.
Los Heiké pronto fueron puestos en fuga. Muchos de los
guerreros Taira, viendo la batalla volverse en su contra, se arrojaron al mar
cometiendo suicidio antes de afrontar su derrota a manos del clan Minamoto.
Entre aquellos que murieron de esta forma se encontraban Antoku y su abuela, la
viuda de Taira no Kiyomori, jefe del clan, quienes para no caer en manos de los
enemigos se arrojaron a las olas, seguidos por los guerreros Heiké
supervivientes. Fieles a su amor propio y al sentido del honor japonés,
prefirieron una muerte gloriosa a la vergüenza de caer prisioneros y ser
vilmente ejecutados, de modo que se suicidaron.
Hasta este día, los
Cangrejos Heike que se encuentran en los Estrechos de Shimonoseki son
considerados por los japoneses como portadores de los espiritus de los guerreros
Taira.
Hasta aquí la historia... pero la ciencia
encuentra esto:
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escrito por Oscar Cirone
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Siluro
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Dibujos xilográficos namazu-e vendidos tras un terremoto que golpeó Edo (actual Tokio) en 1855. El dios Kashima Daimyojin sostiene una piedra sagrada kaname-ishi sobre un siluro para no permitirle moverse ni producir un terremoto. Propiedad del Instituto de Investigación Sísmica de la Universidad de Tokio.
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escrito por Oscar Cirone
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Luciérnagas
Niños cazando luciérnagas con brotes de bambú y abanicos uchiwa. Tablero llamado Edo Sunago Kodomo Asobi Waseda Hotaru-gari, de Utagawa Yoshiiku.
Propiedad del Instituto Kumon de Educación.
Su brillo reluciente indica un medioambiente sano y natural
Texto: Konishi Masayasu, entomólogo
Un espécimen adulto de luciérnaga genji-botaru se introduce en el agua, iluminándose en junio y julio.
Longitud, entre 12 y 18 mm.
La luciérnaga heike-botaru es menor, de unos 8 a 10 mm.
(Foto: Moriue Nobuo)
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Al borde del agua, pequeñas manchas verdiblancas resaltan en la oscuridad. Las luciérnagas han hecho de los comienzos del verano una época especial para los japoneses desde tiempos remotos. La palabra japonesa para luciérnaga es “hotaru”, generalmente utilizada para dos especies, genji- botaru y heike-botaru. En su forma larvaria, ambas especies se alimentan de pequeños caracoles de agua. Las larvas de genji-botaru viven en aguas corrientes y limpias, y la heike-botaru en campos de arroz y otros lugares de aguas estancadas.
Existen alrededor de 2.000 especie de luciérnagas en el mundo, aunque menos de 10 especies son acuáticas. Todas las demás son terrestres, tanto las larvas como los animales adultos, haciendo que las genji y las heike sean especies muy particulares.
El archipiélago japonés está repleto de ríos, arroyos, pantanos y campos de arroz irrigados, lo que genera excelentes hábitat para las luciérnagas acuáticas. Por ello, es natural que desde la antigüedad, la gente de pueblos y ciudades hayan observado y disfrutado con las pequeñas luces durante la noche.
La primera vez que las luciérnagas aparecen en un texto literario fue en Man yoshu. La más antigua colección japonesa de poesía (finales del siglo VIII). Aparecen en haiku, poemas largos y ensayos a lo largo del periodo Edo (1603-1867). En aquellos tiempos, se pensaba que la luz de las luciérnagas representaba las almas de los muertos.
Durante el periodo Edo, uno de los pasatiempos consistía en cazar luciérnagas disfrutando del aire libre del invierno. Tablas de Ukiyoe representan artilugios para capturarlas, como abanicos plegables y planos, trampas hechas con brotes de bambú y redes para insectos.
Estas costumbres parecen provenir de mediados del siglo XVII en los distritos de Seta e Ishiyama, de Otsu (actual Prefectura de Shiga). Cuando la luz muestra su punto álgido en el temprano verano, barcos hotaru-bune transportan a la gente comiendo y bebiendo en excursiones para verlas. Esto era popular en Seta y Uji, alrededores de Kioto. Incluso los vendedores ambulantes vendían allí las luciérnagas, aunque ese tipo de “negocio” es inusual en Japón.
A finales del siglo XVIII, se vendían luciérnagas también en Edo (actual Tokio). La gente se reunía para verlas en diferentes lugares de la ciudad, aunque el número de luciérnagas descendió a medida del crecimiento urbano.
Con el transcurrir del tiempo, la caza indiscriminada de luciérnagas por los vendedores hizo temer la desaparición de las genji y en 1924, el gobierno designó al distrito Moriyama, la Prefectura de Shiga, como zona protegida para las luciérnagas genji. En la actualidad, ha sido designado un lugar como Monumento Natural Especial y nueve como Monumentos Naturales. Japón probablemente sea el único país en el mundo en implementar una legislación para proteger las luciérnagas. Pero esto no significa ninguna sorpresa, ya que los pequeños escarabajos llevan mucho tiempo contando con el afecto de los japoneses - en algunos lugares son llamados con nombres de mascotas, y la caza de luciérnagas es algo común en las antiguas canciones de cuna que aún hoy se rememoran.
Los tiempos del auge económico que comenzaron en los años 60 fueron difíciles para el medioambiente,y el hábitat de las luciérnagas, un día muy comunes en todo el país, se convirtieron de repente en áreas de desarrollo humano, con aguas contaminadas, alteraciones en el lecho de los ríos y construcción de diques para prevenir las inundaciones.
En algunas partes del actual Japón, los gobiernos locales y los ciudadanos protegen y restauran el hábitat de las luciérnagas, e incluso desarrollan algunos nuevos. Y cuando es necesario, estas zonas se pueblan de pequeños caracoles de agua y otros alimentos para las luciérnagas.
Uno de los pasatiempos actuales es observar insectos alados emerger de sus capullos. En tiempos pasados, la gente los capturaba como divertimento, ahora los contemplamos y aprendemos de ellos. La manera de protegerlos es preservando su entorno natural, con lo que sus luces brillantes se han convertido en símbolos de medioambiente saludable. La afinidad de los japoneses hacia las luciérnagas desde tiempos inmemoriales continúa siendo fuerte hoy en día y como un fenómeno social nacional probablemente siga siendo único en el mundo.
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Origen de la Fuente: Nipponia
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escrito por Oscar Cirone
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Zorros
En el Monasterio Fushimi Inari el zorro es considerado el mensajero del dios del arroz. En las instalaciones del monasterio hay innumerables estatuas de piedra de zorros sosteniendo llaves, pelotas y otros objetos en sus bocas.
Foto a la izquierda, centro: El monasterio destaca especialmente por sus numerosas pequeñas puertas torii situadas tan cerca unas de otras que casi producen un túnel.
Foto de abajo, centro: pequeños zorros de cerámica.
Los mensajeros del dios del arroz equilibran la población de ratones del arrozal
Texto: Imaizumi Tadaaki, zoólogo Fotos: Omori Hiroyuki y Kono Toshihiko
Un zorro hondo kitsune en otoño. Esta variedad cuenta con unas patas pequeñas, pero es muy hábil a la hora de construir su madriguera, con túneles de hasta 30 metros, que se extienden bajo zonas arbóreas y campo abierto. Un adulto tiene una longitud de 80 a 120 cm y pesa de 4 a 7 kg.
(Foto: Maki Hirozo)
El zorro cuenta con un lugar de honor en el Monasterio Fushimi Inari, uno de los monasterios más antiguos de Kioto. Según la religión Shinto, los zorros son deidades guardianes y mensajeros del dios del arroz, Inari. Si pasea a través de las instalaciones del monasterio, quizás sienta la verdad de esta tradición, debido a su gran cantidad de estatuas de zorro.
Fushimi Inari es el monasterio central de más de 30.000 monasterios Inari que hay a través del país. Su belleza natural fue descrita por el arquitecto estadounidense, Henry Plummer, en este pasaje sobre las puertas torii (arco de entrada) que conducen al monasterio principal:
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La sucesión de arcos de entradas y su rápida llegada y salida provocan un impacto adicional por la alternancia de sus colores; el despilfarro de rojos, con el eco de sus verdes complementarios, como el inocente aparecer primaveral recibe el eco de la sangre alterada de los seres humanos.
(Fuente: Luz en la Arquitectura Japonesa)
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Japón recibió una gran influencia de China en la antigüedad. Por ejemplo, los japoneses adoptaron la antigua creencia china de que los pájaros y los animales eran mensajeros de los dioses, e incluso también dioses en sí mismos. Uno de estos animales fue el zorro. Los zorros mantenían a los pequeños ratones bajo control, comiéndolos. Y dado que protegían los arrozales, acabaron por convertirse en dioses.
En realidad, los zorros comen algo más que ratones silvestres – su dieta incluye conejos, pequeños pájaros, frutas y otras cosas, pero su principal fuente de alimento es el ratón. En un estudio reciente se demostró que este alimento suponía el 69% de su dieta, mientras el 20% eran conejos, el 10% plantas y frutas y el resto insectos y cosas variadas. Desde el momento en que ellos aseguraban las cosechas, ¡porqué no iban a contar con algo divino!
Sus métodos de caza son poco frecuentes. Se pasean por zonas de hierba gruesa escuchando el sonido de los ratones. Sus oídos son tremendamente eficaces para adivinar dónde se encuentra la comida. El zorro es un miembro de la familia de los cánidos, pero a diferencia del perro no depende de su sentido del olfato – caza mucho más con el sonido. Cuando sus oídos le conducen a un ratón, salta. Cuando se arrastra, agarra a su presa con las garras delanteras, mordiéndola al mismo tiempo. Si no lo consigue, vuelve a saltar, una vez tras otra, hasta cazar al ratón.
Abril es un tiempo de gran actividad para los zorros, ya que es la época de alimentar a sus cachorros. Trabajan a destajo cazando ratones, manteniéndolos en sus estómagos y regurgitándolos para los suyos en la madriguera. En esos momentos, prácticamente la totalidad de su dieta consiste en ratones. Y por otra parte, en esta época es cuando menor es la población de roedores, una vez pasado el frío invierno. Ya que no hay muchos ratones – justo han comenzado su ciclo reproductor – es fácil de adivinar las grandes cualidades del zorro como cazador. Sin embargo, en realidad no las tiene. Se ven obligados a saltar un promedio de por lo menos 10 veces para obtener un ratón. Este dato nos demuestra lo perseverante que son como cazadores.
Lo extraño es que cuando la población de ratones aumenta, en los meses de junio y julio, es cuando los zorros son más torpes. Las hembras dan a luz a sus cachorros – normalmente de 4 a 6, aunque a veces hasta 13. Con todas esas nuevas bocas se necesita mucha más comida. No es fácil mantener sus pequeños estómagos satisfechos y los zorros, habitualmente seres nocturnos, se ven obligados a cazar a la luz del día. Sus carencias a la hora de cazar no son ciertamente por falta de intención.
Por ello, ¿cuál es el problema? A principios de verano la hierba ha crecido alta y densa y se piensa que los zorros no pueden percibir demasiado con el oído porque hacen muchos ruidos con la hierba, complicado por el propio ruido del viento.
Los productores de arroz conocen desde hace mucho tiempo que a los zorros les encantan los ratones. Por ello, no hay que pensar mucho para saber que han sido siempre muy apreciados y, al final, celebrados como mensajeros del dios en los monasterios Inari.
Otro hecho interesante sobre los zorros y los monasterios Inari es que se dice que estos animales son muy aficionados al abura-age (la cubierta del tofu frito), por lo que es una ofrenda muy común en los monasterios Inari. Podría ser que este tipo de ofrenda en realidad fuera un sustituto de la carne de ratón.
Origen de la Fuente: Nipponia
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escrito por Aramata Hiroshi
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Mono
Estatua jizo de un mono en Sugamo, Tokio. El grabado del pedestal muestra los Tres Monos, cubriéndose los ojos, las orejas y la boca.
¿Tienen los monos algún poder secreto?
Texto: Aramata Hiroshi, Fotos: Kono Toshihiko
Monos japoneses (madre e hijo). El nihon-zaru es la única especie de mono nativa de Japón. Su hábitat se extiende hasta la latitud norte de 41 grados 30 minutos – bastante más al norte que cualquier otra especie simia en el mundo. (Foto: Matsuoka Shiro)
Los monos son muy hábiles a la hora de trepar por los árboles y gustan de los juegos, por lo que cuentan con muchos aficionados entre los japoneses. La palabra japonesa para mono es “saru”, que puede proceder del hecho de que a los monos les guste corretear (zareru).
Japón sólo cuenta con una especie nativa (nihon-zaru, o mono japonés, una especie chica del género Macaca). Quizás sea esto por lo que, a lo largo de los siglos, en Japón se ha mantenido una idea incambiable de cómo son los monos.
En occidente, la imagen que se tiene sobre los monos puede ser diferente – allí son más familiares los babuinos, cuya cara asemeja la de un perro. Este tipo de mono tiende a permanecer en el suelo, como el dios babuino de cara de perro del antiguo Egipto. La imagen que el pueblo oriental tiene de los monos es diferente.
Los monos en occidente son a veces identificados con lo demoníaco, o con el lado corrupto del ser humano. En algunas partes del Oriente, han sido venerados como criaturas divinas. En los países en los que se practica el hinduismo, son identificados con el bravo Hanuman, un héroe que poseía poderes especiales. Hanuman era tan fuerte que podía levantar el Himalaya y se dice que su historia inspiró la famosa historia china del héroe mono legendario, Sunwukong. Probablemente, el mono aparece en la leyenda debido a su inteligencia y habilidad tanto con sus manos como con su cola.
En China, la gente suele decir que mantener un mono en un establo puede prevenir las enfermedades de los caballos. Esta costumbre se extendió por Japón. Es otro ejemplo de cómo los monos se han granjeado la fama de poseer poderes especiales.
El calendario chino consta de dos elementos – el juni-shi (los 12 animales del zodiaco) y el jikkan (10 representaciones de cosas, agrupadas bajo los cinco elementos). Se eliminan las duplicaciones en las combinaciones para conseguir un ciclo de 60 unidades de tiempo. Así, cada día determinado sucede una vez cada 60 días. De ellos, el más mágico se llama koshin no hi, uno de los días del mono. Hace muchos años, durante la noche de ese especial día, en China se tenía la costumbre de hacer celebraciones hasta el amanecer. Ello era debido a la creencia de que los sanshi, gusanos malignos de los árboles que viven en el interior de cada persona, podrían salir por la noche durante el sueño para informar sobre los pecados de esa persona al Rey del Cielo. Los días que le restaban de vida a esa persona se podían reducir dependiendo de la gravedad de sus pecados. Por ello, manteniéndose despierta toda la noche, la gente intentaba prevenir la salida de los sanshi. Koshin no hi era un momento crítico, por ser el día en el que se podía acortar una vida.
Cuando esta idea se extendió por Japón, el festival se convirtió en una oportunidad de mantenerse despierto toda la noche y de rogar al dios mono por una larga vida. Uno de los dioses mono, Sanno Gongen, es venerado en las Ermitas Hie de Japón.
La gente pensaba que si se practicaba el “no ver a los demonios, no escuchar a los demonios, no hablar a los demonios” el sanshi no podría acortar sus vidas – debido a que sus pecados, y los de los otros, no se conocerían. A partir de esa creencia se extendieron los Tres Monos, que ahora son famosos en todo el mundo.
Una deidad dosojin guardiana de los caminos, llamada Sarutahiko, tomó la forma de un mono, por lo que esta deidad fue venerada junto con Sanno Gongen en los días koshin no hi. Era un tiempo de celebraciones nocturnas y de pedir por algo especial.
En uno de los cuentos infantiles más famosos de Japón, Saru Kani Gassen (La batalla del mono y el cangrejo), un mono malo engaña a un cangrejo y le roba sus caqui (una especie de fruta). Existe una antigua creencia según la cual los caqui tienen poderes mágicos que favorecen la fertilidad y las buenas cosechas. Quizás el mono sea el animal idóneo para esta fábula, porque cuenta con la habilidad y la inteligencia necesaria como para guardarse algo mágico para sí mismo. En la fábula, una abeja, una castaña que andaba y otras criaturas – todas más pequeñas que el astuto mono – lo derrotaron. Quizás los niños adoren esta fábula ya que al final salen victoriosas las pequeñas criaturas.
Casualmente, hay un dicho en Japón que reza: “Saru mo ki kara ochiru”, que significa “Incluso los monos se caen de los árboles”.
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Origen de la Fuente: Nipponia
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escrito por Imaizumi Tadaaki
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Gato
El maneki-neko (“Gato atrayente”) es una estatua de gato con una zarpa levantada para atraer la felicidad a su dueño. Esta fue hecha en el horno Imado-yaki, que ha venido fabricando este tipo de figura decorativa desde el periodo Edo (1603-1867) en Asakusa, Tokio.
(Fotos: Kono Toshihiko)
¿Es Cierto que los Gatos Japoneses Tienen la Cola Corta?
Texto: Imaizumi Tadaaki
Los gatos domésticos se encuentran en cualquier parte de Japón, allá donde halla gente. El gato japonés que se muestra aquí no es sólo conocido por su cola corta, sino también por sus grandes orejas y ojos. (Foto: Iwago Mitsuaki)
El gato doméstico ha sido una popular mascota en Japón desde hace siglos. Este felino es tan popular que se le puede ver en todas partes. Si usted se encuentra con uno en una esquina, probablemente no lo recordará. Son tan numerosos que la gente apenas sabría recordar algún detalle y menos si tienen o no la cola larga. Además de los domésticos, también hay gatos errantes desde los bosques de Yanbaru, la sub tropical Okinawa o en el distrito comercial Ginza de Tokio, hasta en la solitaria isla de Teuri en la costa norte de Hokaido, un famoso lugar de aves marinas.
Estos gatos errantes se buscan la vida por ellos mismos, pero ciertamente no tienen nada que ver con el gato salvaje japonés (yama-neko). Existen dos especies de gato salvaje en Japón: el Amur yama-neko y el Iriomote yama-neko, y ambos son radicalmente distintos del gato doméstico. El gato doméstico no es nativo de Japón - fue traído de China en algún momento del pasado.
La referencia más antigua del gato doméstico es un dibujo encontrado en una tumba egipcia que data del 1600 a.C. El dibujo ha conducido a la teoría de que los antiguos egipcios ya habían domesticado el gato salvaje libanés.
Se dice que el gato doméstico llegó por primera vez a Japón en el 538 (o 532) d.C. Y es generalmente aceptado que los gatos fueron introducidos en el país al mismo tiempo que el budismo, para proteger los textos sagrados del deterioro producido por los ratones. Los estudios genéticos indican que el gato doméstico probablemente llegó a Japón procedente de India, a través de China. El primer testimonio definitivamente japonés se encontró en un diario que poseía el Emperador Uda (867-931). Su color era negro y a través del diario parece claro que fue traído de China en el año 884.
El primer nombre de gato registrado en Japón es Myobu no Otodo, que significa Camarera Real del Palacio Imperial. Este sonoro nombre aristocrático le fue dado por el Emperador Ichijo (980-1011). Esta gata poseía un rango especial en la corte, y las camareras de palacio tenían encomendado su cuidado. Según datos de aquel tiempo, los gatos del Palacio Imperial llevaban un collar rojo con una chapa blanca y se movían por donde querían.
El primer dibujo japonés de un gato data del siglo XII. Fue dibujado por Toba no Sojo (1053-1140). Forma parte de un conjunto narrativo, llamado Chojugiga, que muestra tres gatos rayados con sus largas colas, jugando con otros animales, como ranas, zorros y conejos. Parece por ello que los gatos ya eran populares en Japón en aquel tiempo.
Una vez que los gatos domésticos fueron comunes en todas partes del país, se les dejó de ver como un animal exótico proveniente del exterior. Japón se mantuvo aislado durante gran parte del periodo Edo (1603-1867) y durante ese tiempo casi todos los gatos nacieron dentro del país. Se produjeron mutaciones, quizás debido a la endogamia y progresivamente fueron apareciendo gatos con cola corta, desde 1700. No pasó mucho tiempo hasta que la gente comenzó a considerar japoneses a los gatos con cola corta y de procedencia extranjera a los de cola larga. En un ensayo, titulado Guzasso, escrito a comienzos de 1800, se puede leer: “Mucha gente en Kioto posee gatos chinos con largas colas, mientras que en Naniwa (Osaka) tienen gatos japoneses con cortas colas”.
El gato japonés, con cola corta, permaneció como una variedad diferente hasta hace bien poco. Tras la Segunda Guerra Mundial, se introdujeron en el país diferentes variedades, incluyendo la siamesa y la americana de cola corta, y el gato de cola corta genéticamente inferior fue desapareciendo. Fue en ese momento cuando una americana se llevó de vuelta a Estados Unidos varios gatos japoneses, criándolos y registrándolos como la variedad “Cola Recortada”. Gracias a ella, el gato japonés continúa existiendo en Estados Unidos. En el mundo felino la globalización también parece haberse hecho un hueco.
Origen de la Fuente: Nipponia
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escrito por Imaizumi Tadaaki, zoólogo
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MAPACHE
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Este
tipo de figurita de cerámica, Shigaraki, se expone a veces en
los escaparates de las tiendas y en los jardines. El personaje
aparece en la leyenda del mapache que se disfraza de chico de los
recados para comprar sake.
(Foto: Kono Toshihiko)
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escrito por Imaizumi Tadaaki
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GALLOS
 Dos gallos en Kinpu, un compendio ilustrado sobre aves de finales del Siglo XVIII, editado por Hotta Masaatsu. (propiedad de la Biblioteca de la Prefectura de Miyagi)
Un ave sagrada y cronómetro, apreciada por su belleza
Texto: Imaizumi Tadaaki, zoólogo, Fotos: Kawanobe Hidemi
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escrito por Kani Hiroaki
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CORMORANES
Charlie Chaplin, el gran maestro del cine mudo, quedó tan embelesado por la extraordinaria belleza de los cormoranes pescando en el Río Nagara que vino a verlos en dos de las cuatro giras que realizó por Japón. (Foto: Cortesía de la Ciudad de Gifu)
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escrito por Konishi Masayasu
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Los Animales y la Cultura Japonesa
Libélula
Se dice que los japoneses son los más ardientes aficionados del mundo a los insectos. Y entre ellos, los más populares son las libélulas, luciérnagas y los insectos sonoros del otoño. En su estado de larva, las libélulas viven en el agua y Japón cuenta con numerosos campos de arroz, ríos y arroyos, óptimos para su reproducción. En el país existen cerca de 190 especies distintas de libélulas y el número de ejemplares es impresionante. Desde la antigüedad, los japoneses han gozado observando estos insectos, como muestra la historia.
 Casco guerrero del siglo XVII con un diseño de libélula para identificar al soldado en el campo de batalla. (Propiedad del Museo de Arte Iwakuni)
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