| |
|
|
Erase
una vez, en los tiempos en los que las hadas convivían con los humanos,
en que una muchacha caminaba preocupada por un sendero. Su abatimiento se
debía a su pobreza. Llevaba algún tiempo sin encontrar una forma de
ganarse la vida, y sus ahorros empezaban a escasear. Así que la tristeza
de la mano del desánimo, iban andando a su lado.
Entonces,
un hada se hizo presente y le dijo así: "Si logras tener una buena
idea, tus bolsillos se llenarán de monedas de oro." La muchacha
sonrió pues nada perdía con intentarlo mientras alcanzaba el próximo
pueblo. Así que se puso a pensar con todas sus fuerzas en proyectos y
acontecimientos que pudieran parecer buenas ideas a un hada de los
senderos.
Pero
cuando caía la noche y estaba llegando a la aldea, aún seguía con los
bolsillos vacíos. Y no podía imaginarse por qué, pues creía haber
repasado todas las costumbres que se les suponían a las hadas, y los
deseos que se contaba llenaban sus fantasías. Así que se paró a la
entrada del pueblo a descansar, y entonces vino a su mente un pensamiento:
Obsesionada por acertar con una buena idea en el mundo de las hadas que le
permitiese ganar muchas monedas, no había dado rienda suelta a su
creatividad, a su intuición, y a su inteligencia.
Y
seguro que si habéis llegado hasta aquí en vuestra lectura ya sabréis
lo que ocurrió en este instante: sus bolsillos rebosaban monedas de oro.
(Autor
anónimo)
Imagínate
a un hombre que tiene que rescatar a gente de cierta prisión. Se ha
decidido que sólo hay un modo plausible de llevar esto a cabo.
El libertador tiene que entrar en la prisión sin atraer la atención.
Debe permanecer allí relativamente libre para actuar durante cierto período.
La solución escogida es que entrará como convicto.
Por consiguiente, hace los preparativos, oportunos para que le capturen y
le sentencien. Como otros que han caído víctimas de este sistema, se le
envía a la prisión que es su meta.
Cuando llega, sabe que se le ha despojado de cualquier posible dispositivo
que le pudiese haber ayudado en una escapada. Todo lo que posee es su
plan, su ingenio, su habilidad y su conocimiento. Por lo demás, tiene que
arreglárselas con equipo improvisado, adquirido en la propia prisión.
El mayor problema es que los prisioneros sufren de psicosis carcelaria.
Esto les hace pensar que su prisión es el mundo entero. Otra característica
es el olvido de partes esenciales de su pasado. Por consiguiente, casi no
poseen memoria alguna de la existencia, perfil y detalle del mundo
exterior.
La historia de los compañeros de prisión de este hombre es una historia
carcelaria. Sus vidas son vidas carcelarias. Piensan y actúan en base a
ello.
Por ejemplo, en vez de acumular pan como provisión para la huida, lo
moldean y hacen dominós con los cuales juegan. Saben que alguno de estos
juegos son diversiones, pero otros los consideran reales. A las ratas, que
podían entrenar como medio de comunicación con el exterior, las tratan
como animales domésticos. Beben el líquido de limpieza que contiene
alcohol, el cual les produce alucinaciones placenteras. Considerarían una
triste pérdida, incluso un crimen, si alguien lo usase para drogar y
dejar inconscientes a los guardianes, haciendo posible la huida.
El problema se agrava, ya que los desdichados han olvidado el significado
de algunas de las palabras normales que hemos estado usando. Si les pides
una definición para palabras tales como "provisiones",
"viaje", "huida", obtendrías una lista de
significaciones como "rancho carcelario", "caminar de un
bloque de celdas a otro", y "evitar el castigo por parte de los
guardianes".
"El mundo exterior" sonaría a sus oídos como una extraña
contradicción: "Ya que éste es el mundo, este lugar donde vivimos
-dirían-, ¿cómo puede haber otro fuera?".
El hombre que está trabajando en el plan de rescate, al principio, sólo
puede actuar mediante analogía.
Hay pocos prisioneros que acepten sus analogías, ya que a ellos les
parecen locos balbuceos. Cuando dice "necesitamos provisiones para
nuestro viaje de huida al mundo exterior", por supuesto, a ellos les
suena como el absurdo siguiente: "Necesitamos provisiones -alimentos
para usar en la prisión- para nuestro viaje -trasladarnos de un bloque de
celdas a otro- de huida -evitar el castigo de los guardianes- al mundo
exterior -a la prisión exterior..."
Algunos de los prisioneros de mente más seria puede que digan que quieren
entender el significado de sus palabras, pero ya han olvidado el lenguaje
del mundo exterior.
Cuando este hombre muere, algunos de los prisioneros hacen de sus palabras
y actos un culto carcelario. Lo utilizan para consolarse a sí mismos y
para encontrar argumentos contra el siguiente libertador que se las
ingenie para llegar hasta ellos.
Sin embargo, una minoría, de vez en cuando, escapa.
(Cuento
de la tradición sufí, publicado en la recopilación de Idries Shah,
"Caravana de sueños", en Editorial Kairós.)
El
joven discípulo de un sabio filósofo llegó a casa de éste y le dice:
-Oye, maestro, un
amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia...
-¡Espera! lo interrumpe el filósofo-. ¿Ya has hecho pasar por las tres
rejas lo que vas a contarme?
-¿Las tres rejas?
-Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres
decirme es absolutamente cierto?
-No. Lo oí comentar a unos vecinos.
-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad.
Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
-No, en realidad no. Al contrario...
-¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber
eso que tanto te inquieta?
-A decir verdad, no.
-Entonces -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdadero, ni bueno ni
necesario, enterrémoslo en el olvido.
(Origen
desconocido)
|