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EL SHINTOISMO "Conozca el Karate" Bryn Willims |
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Si
el zen enfatizó las virtudes militares del estoicismo y el
desdén por la vida, y proporcionó una técnica para el entrenamiento del
instinto, el shinto recalcó la lealtad al soberano y el
patriotismo. Como en el zen, el shinto
enfatiza la bondad esencial del alma y la infalibilidad de la conciencia.
Los templos shinto en su interior también son muy
sencillos: no hay unos objetos de adoración que un simple espejo
colgante. Por lo tanto, el acto de adoración se convierte en un llamado a
"conocerte a ti mismo". Es obvio que el zen y el shinto
son naturalmente compatibles en ciertos aspectos y en ocasiones ambos han
estado relacionados institucionalmente, y quedado dentro del mismo
departamento del gobierno. Podría decirse que en particular el shinto
cumplió el papel de una Iglesia establecida.
El
shinto
comprende también un elemento de adoración a los antepasados, a la
naturaleza y a la cabeza de la familia nacional, representado por el
emperador, considerado la encarnación viviente del Japón. La tierra de
Japón (Nippon o Yamato) era también el sitio de
reposo de los dioses y los antepasados muertos; y como tal equivalía a
una tierra sagrada para la cual ningún sacrificio era demasiado grande.
Los escuadrones suicidas y los pilotos Kamikaze de la
Segunda Guerra Mundial, aunque para Occidente tal vez parecieran un fenómeno
maniático de individualismo, caen directamente dentro de las tradiciones
de los Samuráis.
"Como
bien sabía que este camino debería concluir con la muerte;
fue el espíritu
de Yamato el que me apremió a continuar
a desafiar
lo que aconteciere"
(Yoshida Shoin: en la víspera de su ejecución)
Con una religión
estatal de tal naturaleza no es de sorprenderse que los Samuráis, o en los tiempos modernos el ejército japonés, constituyeran la
fuerza de combate más formidable, y en particular para la defensa de su
territorio amado. "En el
país de Yamato
(Emperador Jomei,
"Climbing Mount Kagu"; 593 a 641 d.J.C.)
El secreto del éxito económico actual de Japón es indudablemente esa misma lealtad al grupo, ese orgullo y voluntad disciplinada.
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