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EL
SAMURAI Y EL PESCADOR Richard
Kim Durante la ocupación Satsuma de Okinawa, un
Samurai que le había prestado dinero a un pescador, hizo un viaje para
cobrarlo a la provincia Itoman, donde vivía el pescador. No siéndole
posible pagar, el pobre pescador huyó y trató de esconderse del Samurai,
que era famoso por su mal genio. El Samurai fue a su hogar y al no
encontrarlo ahí, lo buscó por todo el pueblo. A medida que se daba
cuenta de que se estaba escondiendo se iba enfureciendo. Finalmente, al
atardecer, lo encontró bajo un barranco que lo protegía de la vista. En
su enojo, desenvainó su espada y le gritó: ¿"Qué tienes para
decirme"?.
El pescador replicó, "Antes de que me
mate, me gustaría decir algo. Humildemente le pido esa posibilidad."
El Samurai dijo, "Ingrato! Te presto dinero cuando lo necesitas y te
doy un año para pagarme y me retribuyes de esta manera. Habla antes de
que cambie de parecer."
"Lo siento", dijo el pescador. "
Lo que quería decir era esto: Acabo de comenzar el aprendizaje del arte
de la mano vacía y la primera cosa que he aprendido es el precepto: “Si
alzas tu mano, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza,
restringe tu mano."
El Samurai quedó anonadado al escuchar esto de
los labios de un simple pescador. Envainó su espada y dijo: "Bueno,
tienes razón. Pero acuérdate de esto, volveré en un año a partir de
hoy, y será mejor que tengas el dinero." Y se fue.
Había anochecido cuando el Samurai llegó a su
casa y, como era costumbre, estaba a punto de anunciar su regreso, cuando
se vio sorprendido por un haz de luz que provenía de su habitación, a
través de la puerta entreabierta.
Agudizó su vista y pudo ver a su esposa tendida
durmiendo y el contorno impreciso de alguien que dormía a su lado. Muy
sorprendido y explotando de ira se dio cuenta de que era un samurai!
Sacó su espada y sigilosamente se acercó a la
puerta de la habitación. Levantó su espada preparándose para atacar a
través de la puerta, cuando se acordó de las palabras del pescador:
"Si tu mano se alza, restringe tu temperamento; si tu temperamento se
alza restringe tu mano."
Volvió a la entrada y dijo en voz alta.
"He vuelto". Su esposa se levantó, abriendo la puerta salió
junto con la madre del Samurai para saludarlo. La madre vestida con ropas
de él. Se había puesto ropas de Samurai para ahuyentar intrusos durante
su ausencia.
El año pasó rápidamente y el día del cobro
llegó. El Samurai hizo nuevamente el largo viaje. El pescador lo estaba
esperando. Apenas vio al Samurai, este salió corriendo y le dijo:
"He tenido un buen año. Aquí está lo que le debo y además los
intereses. No sé cómo darle las gracias!"
El Samurai puso su mano sobre el hombro del pescador y dijo: "Quédate con tu dinero. No me debes nada. Soy yo el endeudado."
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